17. La última existencia

La rosa

17. La última existencia

 

—Todas las conciencias nacen iguales —explicaba El Todopoderoso—. Luego pueden convertirse en alguno de los cinco tipos.

—¿Cómo se convierten?

—Todas nacen siendo del primer tipo. La mayoría vive unas cuantas veces, miserables, mediocres, inútiles... y cada vez van muriendo un poco, hasta desaparecer.

—¿Yo soy de ese tipo?

—No —el Hacedor rió—, no lo eres.

—¿Cuál es el segundo tipo?

—Hay algunos que se unen al Otro, a mi reflejo, y son todopoderosos... Pero lo sólo son en ilusión, pues no pueden morir ni evolucionar, no existen en realidad y nunca consiguen sus deseos.

—Yo no soy de esos, ¿verdad?

—No, no lo eres

—¿Y el tercer tipo?

—Algunos más viven bien. Reencarnan y reencarnan infinidad de veces, y siguen vivos una y otra vez, a veces para siempre.

—¿Acaso soy yo del tercer tipo?

—Lo eras, hasta antes de tu última reencarnación.

—¿Cómo es eso?

—Algunas conciencias se hacen curiosas, inteligentes, y comienzan a preguntar y a recordar, a preguntar lo que se supone que no deberían, a recordar lo que se supone que no podrían... Llega un momento en que las formas de vida comunes no las satisfacen, y han de tomar una vida mortal con su conciencia inmortal. El gorrión fue tu encarnación del cuarto tipo.

—¿Y el quinto tipo? ¿Cómo es el quinto tipo?

—Todavía no debes saberlo.

—¿Por qué no?

—Porque antes de que lo sepas debes vivir una vez más. Una existencia de transición. ¿Qué deseas ser ahora?

—Presiento —aventuró con miedo— que esta es la última vez que te veré, la última vez que me concederás una existencia.

—Así es —por una vez el Omnipotente susurró.

No había tiempo para más preguntas.

—Entonces... —pensó él y decidió—. Entonces quiero ser la rosa roja que le di un instante antes de morir.

 

 

 

Arabesco

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