3. El primer deseo

Una flor en el.. miniatura

3. El primer deseo

La azucena

 

Allí estaban Él, él y todos los demás.

 

—A aquellos que vivirán por primera vez, les daré un ser dónde morar y una conciencia.

Los recién creados se acercaron por turnos.

—¡Tú libélula! ¡Tú roca de río! ¡Tú nieve! ¡Tú reno! ¡Tú grano de arena! ¡Tú tarántula!

Y todos ellos partieron, a distintos tiempos, a muchos mundos, en variados cuerpos. Algunos regresarían por una segunda vida.

Pero allí no había luz ni aire, no había colores ni viento... sólo había conciencia: la de Él, la de él y la de los demás.

—Los que han retornado —continuó el Creador—, han ganado la reencarnación. Ahora pueden escoger en qué ser vivir y pedir un deseo.

Y uno de ellos, que había sido hombre, le dijo:

—Estoy enamorado.

—¿De quién? —el Ente Supremo sonrió.

—Tú ya lo sabes.

—¿Qué quieres ser esta vez?

—Quiero ser la azucena con la cual la conquisté.

—¿Y cuál es tu deseo?

—Le encanta el mar. Dame el mar para ella.

El Omnipotente parecía contener una carcajada explosiva.

—¡Así sea!

 

 

Arabesco

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