10. No hay más que dos

Una flor en el.. miniatura

10. No hay más que dos

 

No había más que dos.

Dos y el mundo para ellos.

Y allí estaban todos, pero eran dos.

 

Él hundía los dedos en su cabello.

Ella se sentía hundir en la tierra, con la hierba viva pegada a sus hombros, hojas secas en su cintura, dientes de león entre sus muslos, tierra negra deslizándose entre los dedos sus pies. Y giraban y giraban hasta que el sudor los envolvía, una y otra vez, bajo el manzano, inmersos en la noche calurosa.

El gorrión miraba, quieto, silencioso, oculto en el follaje negro del manzano.

Al fondo el huele-de-noche cumplía su encomienda, perfumando las sombras que bailaban a luz de la luna.

La luna lanzaba por sobre el mar, una luz fría y azulada que refrescaba un poco el futuro.

El mar encrespado generaba la brisa salada que se pegaba a la piel húmeda de ambos.

El grillo, ayudado por sus iguales, todos invisibles, inundaba el aire con su canto.

 

Allí estaban todos…, pero sólo  eran dos.

 

 

Arabesco

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